Una palabra errada desata una guerra; la apropiada salva vidas

La asertividad no es tan fácil de conseguir, sin embargo, es más efectiva. Curar las heridas que tiene el alma es un gran paso para acompañar a la técnica para lograrlo, porque depende mucho de la conducta.

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Un gran ejemplo de la contundencia de la asertividad en la comunicación me lo proporcionó  un caso cercano con el que debí  lidiar, y del cual debía encargarme sí o sí, además de salir airosa porque este rol no me sería relevado en el tiempo.

Es un retrato de lo que a diario puede involucrarnos en el relacionamiento familiar, laboral e interpersonal. Uno de los interesados me llama para comentarme que se siente herido, olvidado y lastimado por el otro, a quien entiende se lo ha dado todo. Evidentemente, están involucradas emociones, ellas muy peligrosas a la hora de poder actuar con racionalidad.

Su relato me estremece, y al ponerme en tono de empatía no dejo de lado la escucha activa, lo oigo detenidamente, incluso al oírlo llorar le hago intervenciones mínimas para que me arrojen elementos posteriores para desenredar la madeja. Algunas preguntas bastaron, cómo qué le dijiste al comunicarte con la persona que te hirió, de inmediato me comentó: “La llamé y le cuestioné por qué no me llama, no saca tiempo para dedicarme;  me desahogué y le dije que no entendía el por qué de su indiferencia, y que lo último que esperaba en la vida era que se desentendiera de mí, porque se lo dí todo”.

Para poder buscar la conciliación, que era mi interés  final, abordé a la persona  del otro lado de la discrepancia. En lugar de contarle lo que su antecesor me había revelado,  le pregunto cómo estaba y si tenía mucho tiempo sin saber del personaje en cuestión, para evidenciarle que deseaba hablarle del tema, eliminando todo los ribetes que pudieran darle otra connotación que no fuera la búsqueda de la armonía.

De su lado, – ésta se abrió- y de manera que sonó muy genuina- exclamó  “pero el problema es que siempre me llama en tono insultante y acusador, me trata como si fuera una niña. Las últimas conversaciones siempre son peleando, y le dije que prefería que habláramos luego porque no nos entendemos – ah, y  ahora te lo digo a ti- que esa persona no sabe por el mal momento que atravesaba  cuando conversábamos”.

Cómo  acabó la historia? A la primera le comenté que había que cambiar la forma, que si en el fondo sentía esas emociones, debía ser más asertiva al expresarlas, porque haría una enorme diferencia cambiando la manera de decir, por ejemplo, “Tu ya no me llamas ni sacas tiempo para mí” por Hola, cómo te va. Tienes tiempo para hablar?, hace mucho quiero decirte la falta que me hace comunicarme contigo, que extraño las cosas que antes compartíamos, que si le es posible que saquemos un tiempo de vez en cuando para juntarnos, porque no saber de ti me dá tristeza.

A la increpada, le traduje de manera asertiva, lo que el corazón de su interpelador realmente reclamaba, que echara fuera la forma y que interpretara que se reducía a querer tener cerca al ser querido.

Este no es un ejercicio fácil, lo digo por experiencia, sin embargo, cambia totalmente el resultado de la conversación.  No es lo mismo agredir al expresarse que persuadir y comunicar asertivamente lo que se desea.

 Moraleja

-Se necesita actitud sincera para cambiar

-Doblegar el carácter

-Tratar de identificar las emociones que se están experimentando

-Ver si la expresión es negativa o agresiva

-No utilizar tono imperativo al hablar, en cambio, manejar expresiones como  podrías, por favor,  gracias, etc

-Colocar lo positivo antes de lo negativo al responder o retroalimentar

-Recordar que si con quien se conversa es objeto de afecto, se trata de ganarlo y no perderlo

-Tratar de variar el tono de “Guerra” a “Armonía”’

-Buscar las actitudes de madurez  y no atrincherarse como niños

-Ponerse por encima de la circunstancia

-Verificar si con lo expuesto se hiere, lacera, crea más problemas o  ayuda a resolver la situación

-No meter más ruido a la situación trayendo hechos pasados que complican

-No utilizar chantaje ni agresividad psicológica con las expresiones

-Intentan hacer algo que no confronte ni descalifique

-Aunque se tenga la razón y toda la rabia para contestar, es mejor tomar aire y contar hasta diez

Rosario Medina Gómez

Ver más:

http://www.psicoterapeutas.com/pacientes/asertividad.htm

Quiere ser un artista del hablar, prepárese a labrar

Hablar por más que parezca una habilidad común a la mayoría de los mortales, trasciende la mera práctica, es un arte a cultivar.

Oratoria

Se forja como una pieza de barro con una arcilla básica, se va trabajando con paciencia y dedicación, se le da forma y luego se lleva al horno, que metafóricamente para este escenario, será una presentación, alocución o intervención ante una audiencia.

Póngale atención a esta habilidad o competencia. En casi todos los perfiles de técnicos, supervisores y directivos de las empresas se la examinan directa e indirectamente, por lo tanto, no acuda a reprobar un examen si puede obtener buenas calificaciones.

Por favor, si está decidido a mejorar tiene que hacer el primer ejercicio con el órgano más determinante para ello que es el cerebro. Por mucho tiempo ha tenido un programa o un chip, que por causas que recuerda o no, le han llevado a tener miedo o en grado extremo, pánico a articular palabras o dirigirse a un público.

Sé que no es fácil, por eso le tomo de la mano, le convido a sentarse relajadamente y, a acompañarme a seguir estas sugerencias para que juntos superemos esa situación, que no es más difícil que aprender a conducir o montar en bicicleta. Recuerde, todos tenemos temores, sólo que algunos los logran superar y otros no.

Lo primero que debe trabajar es la boca. Sí, no se sorprenda. En ella debe esforzarse en relajar los músculos haciendo círculos hacia los lados, tratando de que hasta la mandíbula proporcione la apertura que le llevará a articular correcta y fonéticamente las palabras. Que las dibuje como si fuera con un lápiz.

Beba agua y luego tome aire, inhale y exhale, tomando suficiente hasta llevarlo al diafragma para que le permita leer un párrafo, una carta o un discurso con las debidas pausas, modulación, ritmo y entonación que necesitarán las construcciones, sino se quedará en el camino y ésto incrementará errores, y por ende, sus niveles de inseguridad.

Váyase frente al espejo, saque a su hermanita o hermanito del cuarto y hasta al perro. En primer instancia haga los ejercicios de relajación básicos solo, luego, cuando necesite retroalimentación, entonces incorpore a un nuevo actor al escenario.

  • Primero debe escribir lo que va a decir, aunque su aspiración sea aprender a improvisar, no crea que va a caminar antes de gatear. Será muy parecido al proceso de caminar, dando pasitos.

No se confíe de que se sabe las líneas, si todavía se pone nervioso, lea. Vaya por cada línea con elegancia y pausa, como si bailara un vals o un bolero. No se acelere, todos van a esperar por usted, a su ritmo, haga la alocución. Tampoco la articule tan lenta que todos se duerman. Mire el caso del discurso de Barak Obama al interpretar su arenga de campaña, “Yes we can”.

  • Sea preciso. En primer instancia, no se deje seducir por el mundo de las palabras extravagantes, como está aprendiendo, utilice las que comunican de manera llana un significado.
  • Exprésese con claridad. Evite el lenguaje que lo enrede, que tiene oraciones y frases muy largas, con párrafos muy extensos y difíciles de leer. Trate de que los incidentales no sean los reyes de la construcción.
  • Aplique connotaciones. Para que imprima emoción a las palabras, sin pasión serán un montón de vocales y consonantes sin nada de gracia, ni de energía.
  • Póngale sazón y ritmo. Cómo así? Debe leer con los sonidos apropiados, que les proporcionan los signos de acentuación. Déjese guiar por ellos, y entone bien esas vocales y consonantes, no las altere, no las corte, no las cambie.
  • Hable con intensidad. Por más que lo esté matando el miedo, abra la boca y déjese llevar por la dulzura de las palabras, ellas como si fueran hadas, lo conducirán al mejor lugar.
  • Diga las cosas de manera apropiada. Ubíquese en el contexto de su audiencia y hágase más fácil el primer momento de conectar, utilizando jerga, vocabulario o argot con los que se identifique su escenario.

Luego de que haga esto, le recomiendo de todo corazón, que no se quede en lo empírico. Acuda al desarrollo de habilidades de manera formal, la técnica, rigurosidad y perfeccionamiento se adquieren estudiando con personal preparado, y luego, me cuenta.